viernes, 29 de mayo de 2009

No es el típico artículo de fútbol.

Este 2009 pasará para la parroquia culé como el año en el que el buen fútbol, las ganas de jugar, de tocarla y de venirse arriba se impusieron con aplomo a un juego que tiene como único objetivo el resultado practicado por otros equipos que todos tenemos en mente.

El éxito blaugrana se fundamenta en una serie de pilares que han sido desde hace muchos años seña de identidad de este club y que por lo general van más allá de aspectos meramente deportivos. Citaremos dos: La fuerza de la cantera y el compromiso social a través de la Fundació.

Cada vez que el Barça levanta una copa (tres en este último año para los que acaben de llegar) se abre, inevitablemente, el espinoso asunto de los nacionalismos como consecuencia de la gran repercusión mediática que, queramos o no, tiene el fútbol en la sociedad de hoy en día.

La relevancia de este deporte hace que las pancartas de “Catalonia is not Spain” que lucían el otro día en el Olímpico de Roma, o los sonoros pitidos que recibió el monarca en el estadio de Mestalla, pasen a primera plana de informativos y periódicos (a pesar de que desde la televisión pública, aplicando técnicas franquistas, se trate de ocultar en este último caso la reacción de los aficionados ante Juan Carlos)

Los días siguientes los comentarios en la calle (alentados perspicazmente desde los medios de comunicación) son de un fuerte rechazo al nacionalismo catalán. Tiene gracia.

Un patriota es, por definición; y tal como caracterizó perfectamente el otro día Josep Ramoneda, un masoquista. Es un sujeto que sólo siente, sólo vive, cuando ve herido su orgullo patrio por esa horda de individuos que no comparten su sentimiento de una patria grande y libre.

La exaltación del nacionalismo conlleva, evidentemente, una serie de consecuencias negativas desde el momento que implica la exclusión de aquellos sujetos que no pertenecen a la nación por cuestión de cultura, religión, lengua o, en sus casos más exaltados raza. (Así, el nacionalismo vasco de primeros del XX contra la invasión “maketa” o el nacional socialismo alemán de los años 30).

Sin embargo, parece que, hoy en día, la sociedad española sólo considera nacionalismo en sentido negativo el sentimiento de territorios periféricos con voluntad independentista; sin darse cuenta, o sin querer darse, que la exaltación del nacionalismo español es igual o más peligrosa; pues no debemos olvidar que parte del nacionalismo catalán reciente surge como reacción frente al régimen franquista (caracterizado por una exaltación extrema del nacionalismo español).

Es curioso que, en una época en la que el término nación comienza a desdibujarse cada vez más tal y como se ha venido entendiendo, se ponga un mayor énfasis desde posturas políticas en recuperar este término.

Nación no puede ser entendida en la actualidad como un conjunto de personas con una misma cultura o religión. El término nación es en la actualidad mucho más rico; englobando dentro de ella a un conjunto de personas caracterizadas por su diversidad y pluralismo; siendo precisamente las diferencias existentes entre ellos las causas de su mayor riqueza.

Cuando la unidad del Estado se trata de fundamentar en el respeto a un trozo de tela (llámese bandera) o a una melodía sin letra (pues por suerte la SGAE todavía no ha patentado el chunta-chunta o el lo-lo-lo con el que se entona el himno patrio), implica que cuarenta mil seguidores consigan poner en tela de juicio la unidad del país y provocar el aluvión de comentarios y tertulias que ha sacudido los medios estos días; y que, con total seguridad lo volverá a hacer el año que viene; pues mucho me temo que el Barça tiene equipo para rato.

domingo, 15 de febrero de 2009

Sor Belloch

Basta con ojear por encima cualquier diario regional para darse cuenta que Aragón; por mucho que nos duela, apesta.

Bastante lógico por otra debido a que se trata de una comunidad en la que la población de cerdos supera en más de cinco a la de humanos (1 millón de los unos por cinco de los otros es el resultado del partido).

La corrupción de la clase política podemos observarla tanto a un ámbito local, comarcal o regional.

Así, el otro día, al alcalde socialista de la capital aragonesa (localidad que aglutina al 70% de la población de este territorio, favoreciendo la despoblación del resto de más de 47.000 km cuadrados que la componen) se le ocurrió cambiar el nombre de una calle céntrica de la ciudad dedicada a un general franquista.

Hasta aquí todo perfecto. El problema empieza cuando el nuevo nombre propuesto para sustituir a “General Sueiro” es “Escrivá de Balaguer”. (El fundador del Opus Dei para los no iniciados en el asunto)

Sueiro fue (para conocimiento de la presidenta del PP-Aragón Luisa Fernanda Rudi que aseguró el otro día desconocerlo en una exaltación a la ignorancia) Capitán General de la VI región militar y miembro del claustro de la Academia General Militar de Zaragoza en la que estudió Franco. En 1936 se sumó al golpe que tuvo lugar contra el gobierno republicano democráticamente elegido.

Belloch no ha dudado de tildar de sectarios a todos aquellos que se han opuesto al renombramiento de la calle. Quizás seamos todos unos mal pensados y realmente lo que hay en Torreciudad son unas pistas de padel, un campo de golf y una cafetería constituyendo un club social de lo más pijo y selectivo. No te engañes Bellcoh. La única secta que hay aquí es la que fundó el religioso oscense.

Si Rudi, como hemos visto, peca de ignorancia, Belloch se pasa de listo. Y es que Escrivá de Balaguer se caracterizó desde siempre por sus buenas relaciones con el dictador. Así, tras la contienda en Marzo del 39 se traslada de Burgos a Madrid donde ejercerá en varias ocasiones de consejero espiritual de Franco. Otro ejemplo lo tenemos en una misiva escrita por este desde Roma en 1958 en la que pide a Dios "que colme a vuestra excelencia (Franco) de toda suerte de venturas y le depare gracia abundante en el desempeño de la alta misión que tiene confiada".

Incluso el PAR, aliado político de los socialistas en este instante (pues ha gobernado tanto con unos como con otros evitando salir de este modo del gobierno de Aragón desde que hay democracia en este territorio) se ha echado atrás poniendo como excusa el elevado coste que supondría para los comerciantes de la zona el cambio de nomenclatura de la calle en los tiempos de crisis que corren.

Sin embargo, desde el PSOE, en un ejemplo de democracia y civismo ha contestado a grandes rasgos que el cambio de nombre se va a hacer, para que ustedes me entiendan, por huevos.

Otra idea más de bombero torero de nuestro alcalde que se suma a una larga lista como la Expo (que pasados unos meses ha demostrado ser un fracaso) o colocar una bandera española de medidas desproporcionadas en la Plaza de Aragón junto al monumento al Justicia (que representó durante muchos años la independencia de la Corona frente a Castilla).

A un nivel autonómico el grado de putrefacción de la política aragonesa es similar. Aragón es un claro ejemplo de republica bananera.

De esta forma, si la legislación vigente impide un macro proyecto especulativo en la comarca de los Monegros que pretende la construcción de varias decenas de hoteles, casinos y campos de golf (en medio de un desierto), el gobierno de Aragón se pasa por el forro las leyes vigentes y elabora otras nuevas a su gusto que les permitan meter mano y sacar tajada.

Este cambio de legislación supone eliminar aún más restricciones en materia medioambiental. Digo aún más porque la legislación aragonesa es en este aspecto excesivamente laxa, permitiendo la instalación de industrias e instalaciones ganaderas altamente contaminantes.

Un ejemplo de ello son los cientos de granjas de cerdos que salpican la geografía aragonesa. Sin embargo, Aragón se limita a engordar a los puercos y dejar que sus suelos y aguas subterráneas se vean contaminadas por los purines, dejando la elaboración posterior, que es la que realmente genera riqueza, a otros territorios como Catalunya o los Países Bajos.

Sin embargo, Aragón es un ejemplo de representación democrática. A lo largo y ancho de este territorio sobran la misma cosa que en el ejecutivo y el legislativo: Cerdos.