jueves, 3 de diciembre de 2009

Ánimo

Lleva desde el 13 de noviembre en el aeropuerto de Lanzarote en huelga de hambre intentando llamar tú atención por una causa que, además, la merece. Critica la vulneración flagrante de los derechos humanos, saqueo económico y política colonialista llevada a cabo por el régimen marroquí en el Sáhara Occidental.

Mientras criticamos desde Europa –con poco énfasis, por cierto- la postura que el reino alauí mantiene con el asunto del Sáhara, la UE, la valedora mundial de los principios democráticos, la defensa de los derechos humanos, la equidad, la integración, la solidaridad etc, etc, hace el juego a Rabat renovando ayer mismo el acuerdo económico que favorece la importación del tomate marroquí.

Ni Tratado de Lisboa o Constitución Europea. Ni europeístas o euroescépticos. Ni una política exterior común o cada uno por su lado. No. Lo primero que tendría que plantearse Europa es adquirir un compromiso real con los valores que dice representar.
El régimen marroquí, con un carente democrático claro –el partido del Rey arrasa gracias a la red de caciques que se extiende en las zonas rurales- y un Estado de Derecho endeble –excarcelaciones masivas a finales de Julio para celebrar el aniversario de ascenso al trono del monarca- es el antagonista a la propuesta que debería enarbolar Europa en un momento en que su peso global se tambalea ante la pujanza china.

Explicación económica para la clase política –que parece no entender otros términos-:
Ante el incremento de la cantidad ofertada de tomate, el precio de éste, como es evidente, descenderá de forma progresiva hasta alcanzar un nuevo equilibrio. Sin embargo, el coste asociado a la producción se está incrementando en mayor medida que los ingresos, dando lugar a un beneficio negativo.

Ah, ¿Qué cuáles son los costes de producción si se trata de una importación?

Los costes no son otros que la traición a tu dignidad, tus principios y tu honestidad. Cosa que, por cierto, le sobran a Aminetu Haidar. Ánimo.

martes, 10 de noviembre de 2009

Un año en Off-Side.

El tiempo sigue corriendo en el marcador lenta e inexorablemente mientras un rumor recorre el campo. No había demasiados seguidores en aquel estadio; es cierto. No eran muchos pero animaban a cualquiera. Fieles a unos colores que seguían con regularidad. El equipo siempre se lo agradecerá. Siempre.

El partido es lo de menos. Aburrido y bronco, supongo; como todos los partidos que se juegan en campo pequeño, lejos de focos, televisiones y contratos multimillonarios. Pero mi atención no la centra el juego. No puedo dejar de mirar a la banda.

Allí está. Pegado a la cal, con los tacos de sus botas clavados junto a la línea blanca que señala el límite entre estar fuera y dentro. Las medias, negras y estiradas, cubren unos gemelos perfilados. El pantalón del mismo color y la camiseta azul. Un azul intenso que recuerda al mar y al cielo.

En el extremo de su brazo, estirado –formando un ángulo recto perfecto con la espalda- su mano se aferra a un banderín a cuadros. El viento del noroeste típico de aquella región lo hace ondear con violencia. El cierzo ruge fuerte.

El linier está inmóvil. No ha cambiado ni un milímetro su postura durante un buen tiempo. Lleva un año señalando posición antirreglamentaria. Un año señalando el fuera de juego.

Un año en Off-Side.